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LLAMADOS A SALVAR LA FAMILIA


“Hacia la medianoche, Pablo y Silas estaban en oración cantando himnos a Dios, los presos le escuchaban. De repente, se produjo un terremoto tan fuerte que los mismos cimientos de la cárcel se conmovieron. 
Al momento, quedaron abiertas todas las puertas y se soltaron las cadenas de todos.
El carcelero despertó y al ver las puertas de la cárcel abiertas, sacó la espada e iba a matarse, creyendo que los presos habían huido. 
Pero Pablo le gritó: «No te hagas ningún mal, que estamos todos aquí.»
El carcelero pidió luz, entró de un salto y, tembloroso, se arrojó a los pies de Pablo y Silas, los sacó fuera y les dijo: «Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?»
Le respondieron: «Ten fe en el Señor Jesús, y te salvarás tú y tu casa.»
Y le anunciaron la Palabra del Señor a él y a todos los de su casa.
En aquella misma hora de la noche, el carcelero los tomó consigo y les lavó las heridas. Inmediatamente, recibió el bautismo él y todos los suyos. Les hizo entonces subir a su casa, les preparó la mesa y se alegró con toda su familia por haber creído en Dios”.
 
(Hechos de los Apóstoles 16,25-33)

El carcelero que custodiaba al apóstol Pablo al ver las puertas abiertas de la cárcel intenta quitarse la vida porque supone que no ha cumplido su misión de cuidar los presos que estaban bajo su responsabilidad. Entonces escucha una voz salvadora, el apóstol Pablo, también liberado por Dios, libera ahora al carcelero de la disciplina y pensamiento humano, salvándole la vida y otorgándole la verdadera libertad del espíritu que viene de Dios.

 

Pide una luz y le fue concedida la Palabra divina de boca de Pablo y Silas. Ante este suceso, solo queda abrir el corazón a la acción divina.

“¿Señores qué tengo que hacer para salvarme?” El carcelero comprende que la libertad está en Dios. Hace la pregunta fundamental. Dios ha actuado y ahora le corresponde a él; no puede dejar pasar esta oportunidad. Pidió una luz y le fue concedida la luz con la que se puede ver la realidad trascendente que supera toda verdad y pensamiento humano.

 

«Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tu y toda tu casa» La luz que se irradia de la Palabra divina no solo ilumina su vida sino la de toda su familia. El Padre, cabeza de familia, ahora hace participe del don de Dios a toda su familia, que escucha la Palabra de Dios y se convierte.

 


Este llamado continúa hoy, y tiene que llegar a todas nuestras familias. Hoy nuestra familia se encuentra en la oscuridad de pensamientos e ideologías que no nos dejan ver el valor y la dignidad de la familia, se rechaza a los enviados de Dios, a su Palabra y al anuncio de la Iglesia. Por eso, es indispensable volver a escuchar la Palabra Divina y dejar actuar a Dios en nuestras vidas, escucharle y seguir la luz que hacer ver la verdad que salva.

 


Como miembros de nuestra familia, tenemos la responsabilidad de hacer llegar el mensaje de salvación a nuestro hogar, y convertimos a Dios, para salvar a los nuestros, a aquellos que forman parte de nuestro hogar. Esta responsabilidad es retadora porque me implica de manera personal: conocer el camino de salvación ante el llamado de Dios,

 

El testimonio de la familia cristiana es hoy fundamental para la evangelización, porque: 

• Es responsabilidad y compromiso de todas las familias enseñar, trabajar y defender la verdadera cultura del amor, desde nuestra propia familia.
• Es el lugar primordial para la educación en valores y principios evangélicos.
• Allí se cultiva diariamente nuestra coherencia de vida familiar para que nuestro testimonio sea más fuerte que nuestras palabras.
• Dios necesita de la familia para continuar realizando su obra salvadora.

 


Valoramos nuestro bautismo, en el que nos hacemos hijos de Dios y hermanos los unos con los otros. El Bautismo y los sacramentos santifican nuestra familia, que se ha de convertir en lugar sagrado del encuentro con el Señor.

 

Dios Padre ha querido santificar la familia humana con la presencia de su amado Hijo en el hogar de Nazaret, con San José y la Santísima Virgen María. Recibamos en nuestros hogares a la familia de Nazaret y sigamos sus ejemplos para rescatar a nuestra familia colombiana, para recuperar los valores de nuestra sociedad y para lograr que nuestra familia sea un santuario donde se viva la paz, el amor y verdad.

Solo así, volviendo a Dios, a escuchando su Palabra y viviéndola, las armas se silenciarán; nuestra tierra se verá regada de fertilidad en vez de sangre; los hijos podrán conocer a sus padres y crecer en el seno de sus hogares y no habrá más viudas llorando por sus esposos ni huérfanos lamentando la perdida de sus padres. Escuchemos a Dios, su palabra salvadora, antes que la voz humana que nos lleva a la oscuridad y desasosiego. 
 
Rescatemos nuestra familia, y así rescataremos nuestra sociedad, pues ella es la célula fundamental de una sociedad sana. Pero si la célula esta minada por el cáncer de la injusticia y la violencia, esta enfermedad seguirá dominado nuestra sociedad y nuestra familia.  Es hora de vivir en la libertad de hijos de Dios.

 

Escuchemos la Palabra de Luz que te salvará a ti y a tu familia.

Oremos por y con nuestra familia: Que Dios bendiga y santifique a nuestras familias con el amor, la verdad y la paz que Dios nos da.